Abro mi cuaderno, busco una página en blanco para plasmar lo que siento. No encuentro con que escribir, el lapicero ya había expulsado su última gota de tinta. Frustrado, emprendo la búsqueda de un nuevo lapicero. Al encontrarlo, ya un poco agotado, con los ojos entrecerrados y cansados por el sueño, empiezo a plasmar en mi cuaderno, todo aquello que me recuerda a ti. Sitios en internet, algunas canciones, algunas frases, temas de conversaciones pasadas, mi celular, mis escritos y por último, tu voz. Con los ojos a punto de cerrarse por completo y una sonrisa en mi rostro, gracias a poder escribir algunas cosas que me hacían recordarte... decidí ir a dormir.
Al despertar, recuerdo que no fue un sueño, tampoco fue una mentira y mucho menos una ilusión. Si había pasado, había logrado recordar todo lo que escribí la noche anterior y desperté con el ánimo por las nubes. Terminé algunos deberes y me dirigía hacia la universidad. Al llegar, algo me hizo recordarte, un mensaje cuyo propósito era hacerme feliz. Con una sonrisa en mi rostro, entré a clases y pensé: "Sin duda, dicho mensaje logró su propósito. Pero desde que desperté ya sabía que sería un buen día"...
14 Mayo 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario